¿Qué pasa, mamá?
Una escena extra del audiorelato ;)
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— ¿Qué pasa, mamá?
Me senté en su cama, de lado, y le acaricié la cabeza. Carlos, demasiado joven para haber perdido la virginidad, pero demasiado mayor para estar tan enmadrado. Sé perfectamente que va a ser fácil, pero eso no es lo que me tiene tan encendida.
Mi hijo Carlos jamás me ha puesto cachonda. Jamás lo he mirado con lujuria. Y él tampoco lo ha evidenciado, pero sé que será fácil. La parte difícil será hacer que dé un poco de espectáculo.
— Hola cielo, he vuelto y… tenemos que hacer una cosa.
Carlos se incorporó levemente sobre sus codos, sonriendo y mirándome. Su joven cuerpo me pareció bellísimo. Sus labios me provocaron deseo de inmediato, en cuanto se despertó y se dio la vuelta.
Posé la mano sobre su pecho y lo acaricié, mientras él bostezaba y se rascaba el costado. Quería llevar mi mano inmediatamente bajo su calzón, pero me contuve. Tenía que prepararlo un poco.
— Tienes que ayudarme con algo.
— Vale, dime. — Me respondió, restregándose los ojos con la mano.
Creo que fue en ese momento en el que se dio cuenta de que yo estaba desnuda. Aún me caían pequeñas gotas del pelo que mojaban mis pechos y sentía caer hacia mi coño, haciéndome cosquillas en la barriga.
Acababa de ducharme después de volver de casa de nuestro vecino Andrés, de que me follase contra la mesa de su salón vestida de puta de carretera. Fue una suerte que no quisiese romperme el culo, que sólo empezaba a recuperarse tras cuatro días ininterrumpidos recibiendo pollazos inmisericordes de mi jefe.
Ahora mi tarea era simple, pero difícil.
— Estoy muy nerviosa cielo, no puedo dormir. Necesito un masaje.
Y, diciendo esto, llevé mi mano bajo su calzón tras acariciar sus abdominales, intensificando la caricia con las uñas.
Su polla estaba levemente amorcillada cuando la toqué, y viajé por ella directamente hacia sus huevos, cogiéndole el paquete completo bajo el calzón.
— Mamá…
— Shhh… necesito un masaje, por dentro cielo. No puedo dormir. Por favor.
— Mamá, no entiendo, pero…
Me tumbé de costado a su lado sin soltar su paquete, y empecé a sentir pronto cómo su polla crecía contra mi palma, tratando de escapar entre mi pulgar y el índice.
— Shhh cielo, métemela un poco.
Al sentir mi mano moverse y mi cabeza acercarse a él, se dejó caer hacia atrás sin decir nada, mirándome con ojos como platos en la penumbra. Su polla se movía rápida hacia arriba, en un empalme casi instantáneo como sólo puede serlo el de un hombre tan reciente.
Recuperé mi mano y me escupí en ella mientras le miraba. Volví a agarrarle la polla, que en el tiempo de ese movimiento se había puesto casi completamente dura.
— Quítatelos, cariño.
Y me obedeció sin decir una palabra. Levantó el culo con cuidado, como si temiese que fuese a quitar la mano de su polla, y bajó el calzón con las manos.
Me lancé a chupársela de inmediato mientras el móvil, en la mesilla, retransmitía en una videollamada gemidos ahogados que me encendían más, porque soy una puta enferma.
— Ahhh mama… qué pa… ufff…
La polla de mi hijo, que jamás había anhelado, era ahora mismo mi objetivo.
“Cómel el rabo y haz que te folle mientras nos miráis”
Y en ese momento deseaba pasar horas sólo en el primer paso, obedeciendo como una buena perra y disfrutando el manjar que había en mi boca. Nunca lo había deseado ahí. Jamás, hasta hace unas diez horas, cuando mi marido volvió a darme la orden.
Sólo quería chupársela a mi niño hasta que se corriese en mi boca. Pero me habían ordenado follármelo.
Así que subí cubriéndolo de besos hasta llegar a su cuello y le atraje de un costado para que se pusiese sobre mí.
— Cielo, tú encima, cariño. Me tienes que follar un poquito. Lo necesito, por favor.
Jamás hubiese pensado que mi pequeño necesitase tan pocas instrucciones. Giró sobre mí de inmediato y su polla estaba a la entrada de mi coño. Pero se detuvo un momento, mirándome, como pidiéndome permiso.
— Dame, cielo, dame…
Y, cuando entró, inexperto y brutal, hasta el fondo de mi coño, vi su boca abrirse y su cabeza levantarse levemente. El gemido se siguió de unos ojos muy abiertos y el ceño fruncido, mientras observaba las tetas de su hermanita botando entre embestidas, con la lengua fuera y los ojos torcidos como una subnormal mientras emitía grititos agudos.
Mi siguiente orden es:
Mañana te lo follarás en el salón mientras mi secretaria me la chupa en el sillón de enfrente, y grabarás, con su polla dentro, un audio, en el que contarás todo lo que has hecho estos últimos dos meses.
Continuará.



